Hacía varios años que me rondaba hacer esta carrera. La descubrí gracias a Julen Larruzea, que durante una Hiri Krosa me comentó la existencia de una prueba de asfalto cuesta arriba. Se trata de la subida al Col de Aubisque, mítica ascensión del Tour de Francia, donde también ha tomado parte mi amigo Javi Sánchez, y que por fin pude disfrutar.
Le comenté la idea a Bittor, que durante los veranos suele hacer algunas subidas de este tipo y por supuesto le encantó la idea. Así que finalmente cogí un apartamento en Laruns (que por cierto estaba de lujo).
La carrera era a las 8:15 de la mañana, y por suerte podíamos ir directamente desde el apartamento a la línea de salida. Además, el día anterior habíamos cogido ya el dorsal y dejamos todo preparado para desayunar en la habitación, ya que disponía de cafetera, dejarlo todo en el coche y llevar una pequeña mochila con ropa de cambio que nos subían arriba.
Amaneció despejado, con buena temperatura, por lo que no iba a hacer falta mucho más para afrontar los 18,7 km que vienen anunciados (aunque creo que es algo menos) de ascensión. La salida ya empezaba con unos 300 m cuesta arriba, y tras un paso de unos pocos metros por adoquines se descendía hasta encarar el cruce que divide el camino hacia el Portalet o el propio Aubisque.
Decidí llevar un par de geles, una pastilla de sales y unos 400 ml de agua en un soft flash. La idea era tomar el primer gel sobre los 35 minutos y el segundo sobre la hora.
Los dos primeros km me los tomé con una calma tensa, ya que dejé hacer al grupo encabezado por varias malas bestias francesas, llegando al cruce sobre la 10ª posición y ya cediendo bastante terreno. Al no estar muy en forma, sobre todo sin haber hecho nada de ritmo en todo el verano, encaré el principio con un punto de preocupación. El ritmo que puse no era tan alto como indicaba mi pulso, que ya lo sentí disparado desde salida.
Por lo que puse modo crucero para estabilizar esto último, y a mí se me engancharon varios corredores. Poco a poco me fui quedando solo hasta alcanzar a un corredor, donde nos pusimos a dar relevos como si fueramos el grupo perseguidor en una etapa del Tour. Poco después, el que a la postre sería el 3º de la carrera nos pasó con un ritmo endiablado en la zona de Eaux Bonnes. El chico que iba conmigo se envenenó y decidió seguirle. Yo seguí a lo mío, porque sabía que a partir de aquí la cosa ya se ponía chunga.
Creo que tardé menos de un km para volver a dar caza al chaval, que enseguida se puso detrás y vi que le iba a costar. Y es que aún faltaban 10 km para llegar a la cima. A la altura del Pont de Iscoo me quedé solo, viendo como se alejaba el endiablado francés. Ya me quedé sin referencias hasta que encontré a otro corredor que pagó caro el ritmo suicida de la cabeza de carrera.
Finalmente le di caza en los túneles antes de Gourette. Seguí hacia delante con ritmo decidido, y quizá me vine un poco arriba en esta zona, en la que me encontré por fin a varias personas animando el paso de la carrera. Este ánimo contrastaba con mi dolor de piernas, y además era consciente de que lo peor de la subida estaba por llegar. Por suerte, algo recordaba de haberlo subido en bici hace unos años y como no venía ya nadie por detrás decidí levantar el pie un poco.
A falta de algo menos de 2 km, cuando se abre definitivamente el paisaje y eres capaz de ver por donde transcurre la carretera divisé a un predecesor, aunque ya no había tiempo ni espacio para poder remontar. Eché un momento la vista atrás y otro atleta venía a dos curvas de distancia, que en tiempo no sé lo que podía ser así que pensé que igual tenía que apretar el culo otra vez. Pero quedando un km me parecía bastante improbable que yo cogiera al de delante y que el de detrás me cogiera a mí. Así que sin apretar a tope, pero sin relajarme tampoco, intenté disfrutar dentro de lo que cabe de mi llegada a meta.
Aunque pensaba que iba 5º, entré finalmente en 6ª posición con un tiempo de 1:25:08. Ya tengo un dato que querré superar el año que viene. Arriba esperé a que entrara Bittor, lo que me vino bien para después comer algo en el avituallamiento, porque cuando entré yo no tenía ni hambre ni ganas. Lo bueno es que nos hizo un tiempo espectacular arriba para poder disfrutarlo.
En el apartado práctico creo que me sobró llevar agua. O al menos llevarla en la mano, no estoy acostumbrado y me molesta mucho. Apenas bebí, y fue más por obligación que por necesidad. Solo tomé un gel, en el minuto 35 como tenía previsto, quizá debí tomarme el otro. Al correr tanto en otras disciplinas se me hace difícil esta gestión.



